
1.
Jorge Bergoglio, Francisco de Roma, fallecido el año pasado, ha sido objeto de muchas reflexiones y sentidos homenajes en este aniversario, todos desde la perspectiva eclesial, cual corresponde a quien encabezó a la Iglesia Católica durante 12 años.
Es indudable su aporte a la institución religiosa, golpeada en los últimos años por escándalos, significativo alejamiento de sus fieles y negada a asumir cambios reclamados por sus propios miembros.
El Papa Francisco significó una bocanada de oxígeno…
2.
… para una estructura que se asfixiaba.
Sin embargo, más allá de sus contribuciones a una pastoral inclusiva y respetuosa de las minorías, su espontaneidad, su sonrisa -después de que en Buenos Aires casi nunca reía-, su capacidad de improvisación, su valentía, su rechazo a los moralismos, su inclusión, su apuesta por el cabal cumplimiento del Concilio, su impulso para presentar al mundo una Iglesia de puertas abiertas y en salida, su apertura para viajar a y llevar desde ahí a Roma como Cardenales a obispos de regiones desconocidas…
3.
… para el mundo occidental.
Sin detenernos, repito, en estas valiosas intuiciones para la Iglesia en su funcionamiento interno, hay un elemento del legado que nos dejó Francisco y que es de gran actualidad: la manera en que concibió su liderazgo.
Conviene recordar los orígenes religiosos de Bergoglio, quien perteneció a la Compañía de Jesús, cuyos miembros son llamados jesuitas.
Como cualquier congregación de personas consagradas, están ellas sujetas a una obediencia casi ciega, en la que los superiores no acostumbran consultar sus decisiones.

