Amarga Navidad del cineasta español Pedro Almodovar es de nueva cuenta una película que da un vistazo de Almodovar siendo el centro de su misma película.
La historia comienza con Elsa (Barbara Lennie) y el bloqueo creativo que sufre, pero de lo que estamos siendo testigos es un guión sobre Elsa que está siendo redactado por el cineasta Raul Rossetti (Leonardo Sbaraglia) que es el que está viviendo una crisis creativa y la está reflejando en su escrito.
Almodovar como realizador y guionista plantea la controversia que ocurre cuando el arte imita de mas a la vida y la delgada línea entre mundos se borra y deja de ser una lección de la vida para convertirse en conflicto entre partes.
Lo que pasa es que el producto ficticio que en papel es la vida de Elsa, resulta ser al pie de la letra lo que está viviendo su asistente Mónica (Aitana Sánchez-Guijón).
Eso y el dilema del cineasta Rossetti que no sabe ya acabar sus historias y las convierte en un drama sin rumbo definido con contradicciones emocionales que no le permiten encauzar bien a su heroína trágica.
En Amarga Navidad Almodovar sigue contando tragedias y penas sin resolver y para Elsa y el realizador Rossetti, para ambos, viven el invierno de su descontento, tomando inspiración de aquí y de allá, pero nada conciso.
El realizador igual que Elsa es el punto mas bajo de su existencia que aún a pesar de premios, menciones y solicitud de estar presente en muchos lados, para él no hay nada qué presumir si no hay película que poner en la mesa.
Para Rossetti y Elsa está presente y latente la angustia y desesperación, dolores de cabeza y migrañas de que no hay nada, no hay inspiración, sólo un gran vacío que las amistades o las parejas sentimentales no pueden llenar.
Reduciendo ese dolor a una canción de Chabela Vargas como inspiración o ver si alejarse de todo sirve para la chispa creativa en uno, hacer a un lado los malestares físicos, voltear todo y que regrese el talento.
La película se centra en ese proceso creativo de una narrativa y Almodovar nos exhibe el estire y afloje entre personajes reales y los personajes de los que escribe hasta que esa frontera desaparece y se cuestiona si el guionista tiene el derecho de escribir sobre ciertos temas y temática cercana a su persona.
Y la respuesta es sí, el precio puede ser alto, el mundo se puede cimbrar, pero los resultados serán lo suficientemente satisfactorios y autocomplacientes para justificar dichos sacrificios.
Es donde el cineasta juzga que el peso de la razón está de su lado y tiene todo el derecho de ejercer su talento y llevarlo a letra escrita para luego dar paso a una realización.
Quizás algo complicada de seguir por su estilo especial, Amarga Navidad tiene como centro de atención fuertes dilemas personales y sí, es un tremendo guión de Almodovar con el problema que comienza a divagar y a alargar temática sin sentido o razón paseándose entre los personajes ficticios y los reales más como relleno que como algo conciso.
Aún así Almodovar se mete en el proceso creativo, del estire y afloje entre la realidad y la ficción y algo que debe ser muy suyo, el precio que el director ha de haber pagado entre propios y conocidos al reflejar anécdotas de ellos en la pantalla grande en alguna de sus películas.
Sobre todo, el momento en que el personaje de Rossetti toma esa decisión crucial de primero mi talento, mi momento creativo y luego juzgo consecuencias y ser testigos de las primeras letras, palabras e inspiración de lo que pudiera ser la siguiente película de Pedro Alomodovar.

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