Backrooms: Sin Salida describe la pesadilla en carne propia que sufre Clark (Chiwetel Ejiofor), dueño de una tienda de muebles que descubre en su sótano una puerta a una dimensión paralela y no sabe si es real o es parte de un delirio que va creciendo dentro de él.
Existe un tremendo trasfondo en este universo de Backrooms porque fue creado por un joven Kane Parsons a los 16 años como una serie de cortos, “películas encontradas”, promoción del misterioso Instituto de Investigación Async y la serie de incidentes donde gente desaparece literal en huecos en piso o muros, luego de que Async logra abrir un portal a “algo” en 1989.
Todo esto inspirado por el “no clip” de los videojuegos (zonas donde un jugador se podía salir del juego a un vacío en blanco) y culmina ahora con Parsons de 20 años dirigiendo su primer largometraje basado en su misterioso material.
El “lore” que existe, la información, historia y mitología que el joven realizador a acumulado de este extraño universo se resume en una dimensión compuesta en una vasta infinita área de por igual un infinito número de cuartos amarillos, iluminados por ruidosas lámparas fluorescentes y los videos de Parsons ahí siguen en YouTube para ser apreciados.
El guion de Will Soodik (escritor de Ash Vs El Despertar del Diablo y Westworld), ocurre en 1992, da un paso mas adelante a los video cortos y encausa la trama por lo que vive Clark dentro del área amarilla y los esfuerzos de su siquiatra (la actriz noruega Renate Reinsve) por tratar de controlar sus impulsos agresivos, pensando que los cuartos amarillos están relacionados.
Lo que presenta el joven Kane Parsons en pantalla es una metáfora de la demencia, una creciente angustia dentro de uno, donde se cuestiona si está sano y cuerdo, o está loco.
O pudiera ser el caso de ambos, lo que convierte la pesadilla en algo de proporciones catastróficas.
Parsons siguiendo el guión de Soodik va incrementado el suspenso y el género de terror entra a primer plano mientras nos mete de lleno a los cuartos amarillos de todos tamaños, proporciones y la claustrofobia imperante.

