¡La Novia! como película es la terrorífica historia de amor entre dos muertos, el monstruo de Frankenstein y la novia, una mujer asesinada y reanimada por una científica fuera de serie (para no llamarla loca) en Chicago de los años 30.
Jessie Buckley interpreta a la novia y Christian Bale al monstruo, Frank para los amigos en un tour de forcé de actuación y sobreactuación y caminar sobre la cuerda floja de la grandilocuencia llevada al extremo.
Y en medio de todo, el espíritu de Mary Shelly (también encarnada por Buckley) existiendo en un limbo en el cual no puede descansar hasta que ese relato de la novia que lleva adentro se pueda contar.
Como historia en sí es parte de bastantes cuentos independientes al libro y llevados mas allá del relato de “Frankenstein” de Mary Shelly publicado en 1818, una subtrama donde el doctor Frankenstein comienza a crear la novia para su monstruo, pero no la concluye.
El cine mundial se ha encargado de llevar esa curiosidad o morbo de concluir lo que no hizo el doctor en ejemplos como La Novia de Frankenstein (1935), secuela directa del filme de 1931.
Igual en varias producciones clásicas de la casa productora Hammer House con Peter Cushing como el Dr. Frankenstein, en adaptaciones para la TV americana de la novela y la pésima idea llevar a la pantalla grande en La Novia (1985) donde Sting, de toda persona disponible en ese entonces, interpreta al Dr. Frankenstein junto con Jennifer Beals (Flashdance), como la novia.
Ahora la que carga con la responsabilidad de ¡La Novia! es Maggie Gyllenhaal, adaptando su guion a la pantalla grande para mostrar una narrativa paralela a la novela Frankenstein con el monstruo vivo en pleno siglo 20, una de tantas “teorias” de que la criatura es inmortal y por ende debe andar “por ahí”.
Frank (otra vez, para los amigos), pide a la doctora Euphronious (Annette Bening) que le reviva una novia con el argumento del monstruo, sacado directamente de la novela de Mary Shelly, que le fabrique una pareja argumentando que su soledad lo condena al sufrimiento y que, con una compañera, podría vivir feliz para siempre.
Y como la doctora está loca, obviamente deschavetada, reviven “algo” del cuerpo de una mujer asesinada que sabemos, era parte del ensamble de mujeres de un mafioso de Chicago.
El filme se convierte en una moderna historia de “terror”, la historia de amor entre dos personajes revividos de entre los muertos que quieren celebrar que están vivos, pero no lo pueden hacer porque nunca van a ser aceptados.
Es la delirante y surrealista visión del cuento que nunca pudo contar Mary Shelly pero que Maggie Gyllenhaal se las ingenia para contarlo desde el punto de vista de la novia poseída por la escritora.
La ambientación es netamente gótica, perversa y oscura hasta el último rincón donde no existe nadie que sea “bueno” y la ironía es que los que quieren vivir y ser felices son vistos como “monstruos” en una sociedad en la que no se puede vivir “feliz”.
Christian Bale y Jessie Buckley hacen lo que quieren con sus papeles de monstruos con Bale como de costumbre bien con su monstruo adorando a un actor de musicales tipo Fred Astair y Buckley diametralmente opuesto a su introvertido rol como la esposa de William Shakespeare en Hamnet, ella es un monstruo extrovertido a la máxima potencia que quiere saber quién es, quiere conocer cuál es su nombre.
Y el guion de Maggie Gyllenhaal es irónico y accidentalmente humorístico porque pide prestado de bastantes ángulos del género.
A cómo reviven a la novia es una versión actualizada de la novela de Mary Shelly, usando químicos y procesos galvánicos con mucho aire de Re-Animator de H.P. Lovecraft, invocando bastantes temas de la película Frankenstein de 1931 y La Novia de 1935.
Comedia involuntaria irreverente al pintar a los lugareños de Chicago armados con picos y antorchas prestos a cazar a las abominaciones y lo sublime, montar un número musical sacado directamente de Frankenstein Jr. de Mel Brooks de 1974… al grado que casi casi pensé que la mucama de la doctora Euphronious iba a responder al nombre de Frau Blucher.
Y un homenaje a parejas de monstruos que intentan llevar su amor de forma estrambótica y estrafalaria como fueron Bonnie y Clyde del filme de 1967, el Guasón y Harley Quinn en Guasón 2: Folie a Duex y otro ejemplo, Mickey y Mallory de Asesinos por Naturaleza (1994).
Viene el mensaje de superación femenina, pero con una venganza tremenda sobre los hombres y la mera verdad el filme tiene su punto mas bajo cuando son introducidos la pareja de detectives Jake Wiles (Peter Sarsgaard) y Myrna Mallow (Penélope Cruz) donde ambos son metidos con calzador buscando solucionar el caso de la pareja de monstruos y su presencia en el filme va a ninguna parte.
Pareja que no viene al caso mas que para “despertar” en la novia algo que ya no existe dentro de ella por encima de recuerdos vagos y fantasmas revividos por el espíritu de Mary Shelly.
La novia, Frank y el universo que habitan en el balance delicado de caer al abismo y por eso el filme es bueno por los riesgos que corre entre lo delicado y lo exagerado, asomándose al precipicio de la ridiculez.

