Resident Evil: Noche Cero (Resident Evil/ Alemania, EUA/ 2026)
Resident Evil: Noche Cero es otro intento mas de elevar a la pantalla grande el videojuego clásico de Resident Evil y que no a logrado encontrar público como lo hizo la franquicia de seis películas que vio luz con Milla Jovovich del 2002 al 2017.
El anterior intento fallido fue Resident Evil: Bienvenidos a Raccoon City en el 2021 y ahora cae el peso de otro reinicio en manos del director Zach Cregger, el afamado realizador de Weapons: La Noche de la Desaparición y Barbarian.
Todo explota en seguida para Bryan (Austin Abrams), repartidor de órganos para trasplante que debe llevar un órgano a Raccoon City y que el infierno congelado donde maneja su carro comienza a llenarse de criaturas y monstruos.
Pero ese mismo infierno se pone aún peor cuando llega a Raccoon City y hay que ver si el pobre chofer puede o no sobrevivir.
El filme tiene el sello de humor pesado y sardónico de Cregger, tal como lo usó en La Noche de la Desaparición y es toda una sorpresa porque los cortos para nada indican que el filme será lo que ha sido todos los filmes de la franquicia, una serie de actos desesperados para sobrevivir en medio de situaciones imposibles.
Me balanceo en el delicado punto que Resident Evil: Noche Cero en manos del realizador es una película mas de bichos raros destruyendo a la humanidad, propagándose a velocidad increíble por todos lados y la verdad, todo el recorrido me la pasé esperando “a que horas se convierte la película en Resident Evil” por encima de mostrar “easter eggs” y detalles de los videojuegos.
Ok, en el trasfondo están los detalles del videojuego, en primer plano se nota que ya hay un serio desgaste en ideas en todas las películas de zombis de reciente fechas, todas tienen demasiado parecido ya con The Last of Us y el modus operandi del hongo cordyceps, no digamos Alerta Extinción (la de Liam Neeson) y peor aún con todo y título a la coreana Zona Cero.
No digamos que de repente pide en exceso prestado a “La Cosa de Otro Mundo” de 1982.
Aún así el estilo de Zach Cregger logra una ambientación funesta y fatalista, su humor es impecable y como logra mezclar humor abierto y terror es magnífico. No digamos, la actuación de Austin Abrams y su Bryan es el corazón del filme.
Aunque la ambientación queda a un lado con el guion de Cregger y Shay Hatten no explican nada, no desarrollan bien la narrativa para juzgar “estamos viendo sí, Resident Evil” salvo por un par de frases, rollo y caras sorprendidas.


