A la presidenta ya no le salió ni el plan A ni el plan B

A estas alturas, la presidenta debe estar preguntándose en qué momento el tablero político decidió jugar en su contra.
El plan A se le desmoronó, el plan B se le atoró, y ahora, como si fuera la solución mágica a todos los tropiezos, aparece la idea de impulsar una revocación de mandato.
Una revocación, promovida desde el propio ejecutivo, qué conveniente.
Porque claro, nada dice “control democrático” como un gobierno organizando su propio examen, eligiendo al jurado y calificándose con plumón indeleble.
Si la presidenta quiere jugar a la revocación, perfecto, pero entonces que sea en serio, sin ventajas, sin reflectores pagados por todos y sin reglas hechas a la medida.
Y para eso, yo propondría lo siguiente:
1. Ni un peso público para su campaña de ratificación
- Si la presidenta quiere convencer al país de que debe quedarse, que lo haga con recursos de su partido, no con los impuestos de quienes quizá ya no quieren verla en el cargo.
La lógica es simple:
- La propaganda financiada con dinero público convierte la revocación en una ratificación disfrazada.
- Si el ejercicio es ciudadano, que no se convierta en un espectáculo financiado por el erario.
2. Debate obligatorio con la oposición
- Si la presidenta quiere ratificación, que la gane en un espacio donde no controla el micrófono.
- Un panel con representantes de los principales partidos opositores permitiría contrastar argumentos, cuestionar decisiones y exponer inconsistencias, la ciudadanía merece escuchar razones, no solo discursos unilaterales.
- Si la presidenta está tan segura de su respaldo popular, un debate no debería incomodarla.
3. Si es revocada, su sucesor no podrá ser de su mismo partido
La revocación no es un trámite administrativo, es un mensaje político.
- Si la ciudadanía decide retirar a la presidenta, también está rechazando el proyecto que la sostiene.
Por eso, el reemplazo no debería salir del mismo partido, de lo contrario, la revocación se convierte en un simple cambio de nombre en la puerta, mientras todo lo demás sigue igual.
- Si el país pide un giro, que sea un giro real.
4. La oposición debe poder hacer campaña a favor de la revocación
- Si el Ejecutivo tiene visibilidad permanente, la oposición debe tener derecho a explicar por qué considera necesaria la revocación, no se trata de polarizar, sino de equilibrar el terreno.
La pluralidad informativa no es un lujo, es una condición mínima para que la ciudadanía pueda decidir con criterio.
Conclusión
Si la presidenta quiere abrir la puerta a la revocación, que lo haga con reglas que garanticen imparcialidad, transparencia y consecuencias reales. No con un proceso diseñado para ratificarla, sino con uno que realmente permita evaluar su desempeño.
La revocación de mandato puede ser un instrumento democrático poderoso, siempre y cuando no se use como espejo para aplaudirse a sí misma.
Si de verdad quiere someterse al juicio ciudadano, adelante.
Pero que sea en serio.
Con reglas claras.


