SIN CENSURA

¿Qué posibilidades hay de otra crisis hídrica en NL según el director de agua y drenaje de Monterrey?

Eloy Garza DETONA®  El fin de semana pasado invité a charlar a mi casa al director de Agua y Drenaje. 

Por Eloy Garza
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Director de Agua y Drenaje de Monterrey, Eduardo Ortegón
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Le comenté a Eduardo Ortegón.

Un experto en ingeniería hídrica, que mi intención era desmantelar la retórica y entender la matemática detrás de los grifos. 

Lo que me explicó a detalle fue una radiografía técnica de lo que en la ciencia de datos se denomina “wicked problem” (un problema perverso): 

La geografía y la infraestructura obsoleta colapsaron por años el área metropolitana de Monterrey, requeríamos una cirugía mayor.  

Ortegón me lo planteó sin rodeos: 

Monterrey está asentado en la cuenca del Río Bravo, estadísticamente la más seca de todo el país. 

Vivimos en un clima semiárido, pero atrayendo entre 120,000 y 160,000 nuevos habitantes al año que demandan el líquido de forma exponencial. 

Frente a esto, la tentación de los gobiernos era el enfoque de la oferta: perforar más pozos. 

Esta administración estatal, en cambio, aceleró los proyectos clave de almacenamiento: 

La Presa León y el Acueducto El Cuchillo II —una arteria de 84 pulgadas y 100 kilómetros de longitud— que hoy nos da opciones de mantenimiento al sistema sin colapsar nuestra megalópolis. 

Sin embargo, me advierte Ortegón, el cambio de paradigma no solo consistió en perforar el subsuelo, sino en programar la gestión de la demanda a través de la alta tecnología y eficiencia hidráulica.

Durante años, la inercia operativa nos hizo creer que más presión equivalía a mejor servicio. 

Ortegón me demostró lo contrario con esa lógica que le valió el Feller Award de la American Water Works Association: 

El agua que se extrae, pero no se factura, se conoce técnicamente como Agua No Contabilizada (ANC), un agujero negro compuesto por fugas físicas, robos comerciales y errores de medición en los medidores. 

Y terminó dándome una pista que todo nuevoleonés debe saber casi de memoria: 

“si cuando un ciudadano se lava las manos y el agua le salpica el cuerpo, le estamos dando presión de más". 

Darle a una casa 4 kilogramos de presión innecesaria sería una irresponsabilidad hidráulica, aunque obligues al ciudadano a bañarse en dos o tres minutos, el caudal que sale por la regadera a esa velocidad duplica el desperdicio. 

Y el daño real ocurre bajo tierra, la sobrepresión fractura las tuberías viejas, alimentando las fugas físicas. 

Al implementar el programa de Modulación de Presiones, el equipo de Ortegón comenzó a dosificar la fuerza de la red. 

El resultado fue inmediato: 

Al mitigar el estrés en los ductos, las fugas disminuyeron y, de pronto, el organismo descubrió que tenía un volumen disponible con el que antes no contaba.

Este volumen recuperado resolvió el reto de ingeniería más complicado del área metropolitana de Monterrey, dotar de agua al municipio de García. Casi un imposible. 

Por diseño geográfico, García es la terminal, el último eslabón del Acueducto Monterrey V, cuya planta potabilizadora (San Roque) se encuentra en el extremo opuesto, Juárez.

Históricamente, me comenta Ortegón, el sistema operaba desbalanceado. 

Municipios intermedios como Guadalupe o San Nicolás devoraban el caudal con sobrepresión, dejando a García con un hilo de agua insalubre que apenas corría un par de horas al día. 

El plan de eficiencia hídrica, desplegado a inicios de este año, consistió en recortar técnicamente esos excesos en el oriente y centro para balancear la carga hidrodinámica hacia el poniente.

¿Dónde estaba el verdadero nudo? en colonias como Arcángeles y Renacimiento. 

Ortegón me desglosó el misterio: 

Estas zonas altas se alimentaban de un tanque que apenas tenía 5 metros de diferencia de altura respecto a los techos de las viviendas. 

Cualquier estudiante de ingeniería sabe que a esos 5 metros de carga hidrostática hay que restarle las pérdidas por fricción causadas por los codos, las válvulas y la rugosidad interna de la tubería. 

¿El resultado real? 

Presión cero en las llaves, así de simple, la gente tenía que bañarse a jicarazos no porque faltara agua en la ciudad, sino por un error de diseño topográfico.

La solución fue un bypass: 

Desconectaron las colonias de ese tanque inútil y las enlazaron a otro con una diferencia de altura de entre 22 y 24 metros, garantizando de golpe una presión constante y dinámica superior a los 2 kilogramos en las zonas más elevadas. 

Eloy Garza
Es abogado, maestro en Letras por la UNAM y máster en Tecnologías de la Información por la Universidad Oberta de Cataluña. Escribe para diversos medios de comunicación.