Escritura Oasis de media tarde

Entre árboles cansados, sombra universitaria, perros imaginarios del presupuesto cultural regiomontano, apareció la presentación previa del libro de en el área Arte AC del ITESM.
Media tarde. Sol filtrado. Luna asomándose arriba del Cerro de La Silla.
Oasis mínimo dentro del desierto concreto donde la cultura suele recibir trato semejante al mobiliario roto: ahí permanece, arrumbada, esperando mantenimiento municipal, estatal, espiritual.
Monterrey produce acero, ejecutivos, carnes asadas ceremoniales.
Cultura, apenas por accidente biológico. A la cultura en Monterrey le vale madre a casi todos.
Secretarios culturales desfilan igual vendedores de seguros funerarios.
Públicos pequeños sobreviven mediante resistencia pulmonar.
Por eso la escena resultó extrañamente hermosa: veinte personas reunidas bajo árboles, escuchando literatura mientras alrededor circulaban estudiantes rumbo al gimnasio, al café, al emprendimiento blockchain, al apocalipsis financiero.
La presentadora -voz entrenada para sobrevivir auditorios indiferentes- lanzó súplica memorable apenas iniciado el encuentro:
—¿Hay servidores de servicio social? Acérquense, por favor.
Silencio.
Ni las hojas respondieron.
Un muchacho escondió la credencial dentro del pantalón.
Otro fingió llamada telefónica trascendental. Un tercero miró al horizonte con expresión de venado atropellado.
La literatura mexicana resumida en diez segundos: pedir ayuda logística frente a generaciones especializadas en desaparecer.
Entonces apareció Emma Molina, sobreviviente luminosa de ferias del libro, conversaciones infinitas, pasillos con olor a tinta húmeda, museos, galerías de arte.
También Enoc Santiago Dulché, ex director del Museo del Estanquillo, de Carlos Monsiváis; director actual de la Feria del Libro Monterrey ITESM, personaje indispensable dentro del ecosistema literario norteño, especie rara: todavía compra libros sin esperar a que un influencer los recomiende mediante TikTok motivacional.

