Salmerón está en capilla... ardiente. ¿No se cansan de regarla, o qué?

Les platico:
Podría decirse que mi 2a patria es Panamá, bueno, a lo mejor, la 3a. De ese país rodeado de mar y abrazado por el sol me traje a la irreverente de mi Gaby.
Quién sabe que andaba haciendo ella allá.
Por consecuencia, le tenemos un cariño muy especial a ese país. Tiene un skyline que le hace una dura competencia al de NYC. Su Torre Trump compite en belleza con la de la Gran Manzana.

Los panameños son medio especiales, naturalmente desconfiados debido a casi cien años de una colonización virtual que resintieron, primero de los franceses y luego de los estadounidenses, que les regresaron el control del Canal el 31 de diciembre de 1999, según el acuerdo firmado el 7 de septiembre de 1977 por el presidente Jimmy Carter y el jefe de gobierno panameño, Omar Torrijos.
Allá abundan amigos nuestros. Los tenemos por montones y en todos lados:
En el Canal, en las islas de los Kunas, en el aeropuerto de Tocumen, en lo que quedó del Despacho Mossak Fonseca después del escándalo de los "Panamá Papers" y por supuesto, en varios periódicos y canales de radio y TV.
PANAMEÑOS ESTÁN SACADOS DE ONDA
Si de por sí son cautelosos debido a su natural desconfianza en los extranjeros, todo el cuento alrededor de Pedro Salmerón y su posible inserción como embajador de México en Panamá, trae sacadísimos de onda a muchos líderes de opinión canaleros.
Y les digo esto de primera mano, porque he hecho consultas con gente que le sabe muy bien al tema diplomático, allá... y también acá.
Entonces, citando la frase del célebre médico irlandés Jack El Destripador, con la que iniciaba sus clases en la Escuela de Medicina de la Universidad de Dublín: "vámonos por partes". ¡Arre!
