
Por cierto, hoy es miércoles de ceniza. Comienza la Cuaresma. Calderón DETONA® aquí.
1.
- Siempre la Semana Santa es una oportunidad para la refexión.
- Ya sea que usted permanezca en la ciudad, o que tuvo la oportunidad de salir de ella para disfrutar de unas necesarias o merecidas vacaciones, son días en que la atmósfera invita al “pienso”, no solo al “disfruto”.
- Y más allá de creencias religiosas, compartidas por muchas personas en estos días, me parece que los contenidos propios de las celebraciones nos pueden servir para aprovechar la culminación del camino cuaresmal, en el caso de los cristianos o, simplemente, las vacaciones de primavera, para todos.
2.
- En efecto. Muchos feligreses asistirán a su parroquia o a alguna Iglesia, sobre todo hoy jueves, viernes o sábado.
- Recorrerán los siete templos en familia, presenciarán el lavatorio de los pies y recibirán el pan bendito.
- Recordarán la crucifixión y la muerte de Jesús, y se impresionarán con la bendición de fuego y del agua, y las abundantes lecturas.
- Pero también sé de quienes, aún en playas o destinos turísticos, buscan tener algún momento de soledad y sosiego, e intentan hacer un balance de la propia vida, acordando propósitos y proyectos a mediano y largo plazo.
3.
- Creyentes o no, entonces, estos días nos pueden servir para echarnos un clavado en nuestro interior y hacer una pausa en medio del trajín cotidiano.
- Podemos aprovechar, desde la perspectiva de la fe cristiana, o simplemente como marcos universales y culturales de análisis, los elementos que la Semana Santa nos ofrece: el servicio humilde y desinteresado el Jueves Santo; el compromiso radical y el sacrificio en la cruz de Jesús, el Viernes Santo; y la alegría y la solidaridad de la Vigilia Pascual, el sábado por la noche.
- Veamos cada uno de ellos:
4.
- El Jueves Santo lo podemos vivir con la idea de servicio como paradigma, que se expresa con toda nitidez en la celebración del lavatorio de los pies.
- Hacerlo con los visitantes era, en tiempos de Jesús, una señal de atención, de delicadeza, de hospitalidad hacia el forastero, el migrante.
- Al no existir vías pavimentadas como en la actualidad, el caminante se ensuciaba los pies en los trayectos recorridos.
- Pero era el esclavo, el sirviente, quien se los lavaba. Cuando Jesús toma ese rol, se convierte en servidor de sus discípulos, y los invita, nos convoca, a seguir su ejemplo.


