“Señor presidente: ¿a quién representa, al pueblo o a los cárteles?”

El legislador norteamericano Dan Crenshaw lanzó a López Obrador una pregunta que dio en clavo: “¿A quien representa señor presidente: al pueblo o a los cárteles?”
Los mexicanos llevamos cuatro años tratando de saber a qué intereses sirve un presidente que llegó al poder para destruir el país. Que dedica cada hora y cada minuto de su tiempo en desmantelar las instituciones democráticas y en sabotear las oportunidades de progreso.
El gobierno de López Obrador satisface más los intereses de la delincuencia que las necesidades de los mexicanos.
El empoderamiento de los cárteles, la libertad con la que asesinan y secuestran, la impunidad de la que gozan sólo tiene una explicación: son tolerados, usados y protegidos por el régimen.
Estados Unidos tiene en su frontera sur un problema y ese problema se llama Andrés Manuel López Obrador.
Como bien dijo el ex Fiscal norteamericano William Barr: “es un facilitador de los cárteles”. Alguien que inventó la política de “abrazos no balazos” para no enfrentarlos, no tocarlos y mantener a salvo su poder.
México se ha convertido en un riesgo para la seguridad nacional de Estados Unidos.
Y lo es, no solo porque secuestren y asesinen a sus ciudadanos en la frontera, sino porque advierten que está en vías de instalarse en el país una narcodictadura.
El Plan B de la reforma electoral encendió las alarmas en los más altos círculos políticos y mediáticos internacionales. El analista David Frum de la revista Atlantic deslizó una verdad incuestionable: en México hay un autócrata que busca dinamitar la democracia de su país a través de una reforma que facilita la participación del crimen organizado en las elecciones.

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