
Momentos antes, el Gabinete de Seguridad del gobierno federal había calificado de falso el contenido de un par de columnas publicadas también ayer que, a grandes rasgos, afirmaban que Rocha estaba bajo protección federal frente a cualquier riesgo, incluida otra “extracción ilegal”.
Rocha cerró el círculo horas después con un post que, obviamente, seguía el guion oficial. Escribió que, desde el 1 de mayo, cuando pidió licencia al cargo, permanece, sin fuero, en su domicilio de Culiacán.
Reafirmó que está al alcance de las autoridades mexicanas, que aseguran estarlo investigando.
Y que ningún elemento federal lo protege.
Luego sacó de su portafolio la partitura del complot:
“He sido objeto de una atroz embestida mediática promovida desde la ultraderecha para estigmatizar al movimiento de la transformación”.
Bla, bla.
Según esta pauta, no queda duda de que hoy se encuentra bien arropado por el Estado mexicano.
De su reunión con El Mayo y Melesio Cuén, aquel 25 de julio de 2024, ni una palabra.
Tampoco de su viaje relámpago de ese día a Los Ángeles.
Mucho menos de los múltiples testimonios y hechos que podrían levantar sospechas sobre sus nexos con los grupos criminales.


