Una presidenta científica que entierra las estrellas de México

Coco Coindreau III DETONA® La vergonzosa decisión de Claudia Sheinbaum de desmantelar la Agencia Espacial Mexicana.

Por José Luis Gustavo Coindreau Salinas
José Luis Gustavo Coindreau Salinas
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En los anales del teatro político irónico, pocos momentos superan a este. 

Claudia Sheinbaum Pardo —física, ingeniera energética, colaboradora del IPCC y primera mujer en liderar México— ha presidido el desmantelamiento silencioso de la Agencia Espacial Mexicana (AEM). 

Lo que se presentó como una inocua “reestructuración” o “cambio de nombre” hacia una dirección de satélites dentro de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones es, en realidad, la abolición funcional del único organismo civil dedicado al espacio en el país. 

La agencia que coordinaba satélites, alianzas internacionales y el sueño de huellas mexicanas en la superficie lunar está siendo absorbida, minimizada y, en la práctica, eliminada. 

Para una presidenta que blande sus credenciales científicas como escudo, esto no es un simple error de política: es una traición intelectual.

  • La Dra. Sheinbaum obtuvo su licenciatura en física y su doctorado en ingeniería energética en la UNAM.
  • Realizó investigación en el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley y contribuyó al Premio Nobel de la Paz 2007 como parte del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático.
  • Ha hablado elocuentemente sobre gobernanza basada en evidencia y el poder de la ciencia para elevar a las naciones. 

Sin embargo, cuando el director de la AEM, Dr. Salvador Landeros Ayala, renunció en protesta advirtiendo que la agencia estaba siendo despojada de su independencia, presupuesto y mandato, la respuesta de la presidenta fue desdeñosa. 

“No desaparece, cambia de nombre”, insistió ella. 

La carta de renuncia del director contaba otra historia: 

Años de subfinanciamiento crónico ya habían paralizado a la AEM, y ahora su administración le asestaba el golpe de gracia al subordinar la política espacial a burócratas de telecomunicaciones. 

Especialistas del sector aeroespacial enviaron una carta abierta a la presidenta calificando la medida como un “retroceso” que dañaría a la industria, la innovación y la credibilidad internacional de México.

El momento no podría ser más condenatorio.

En diciembre de 2021, México firmó con orgullo los Acuerdos Artemis, convirtiéndose en la decimocuarta nación en unirse al marco histórico de la NASA para una exploración segura, pacífica y sostenible de la Luna y más allá. 

El programa Artemis no es una aventura estadounidense lejana; es la coalición espacial internacional más ambiciosa del siglo XXI. 

Planea regresar astronautas estadounidenses —incluyendo a la primera mujer y a la primera persona de color— a la superficie lunar, con socios de Europa, Japón, Canadá y una lista creciente de naciones que construirán hábitats, rovers y puestos científicos. 

Los Acuerdos comprometen a los signatarios con transparencia, interoperabilidad y el uso responsable de recursos espaciales: principios que requieren una agencia espacial nacional competente para cumplirlos.

La firma de México en 2021 fue una declaración de ambición. 

Señaló que un país de ingresos medios, con un vibrante talento en ingeniería y una posición geográfica estratégica, podía reclamar su asiento en la mesa de la exploración lunar. 

Abrió puertas a transferencia tecnológica, misiones conjuntas, pipelines educativos en STEM y empleos de alta tecnología. 

Empresas privadas mexicanas en aeroespacio ya se posicionaban como proveedores. 

Universidades capacitaban a la siguiente generación de ingenieros satelitales y astrobiólogos. 

Todo ello descansaba en la AEM como organismo coordinador: el rostro institucional que México presentaba ante la NASA, la ESA y el mundo.

Ahora ese rostro ha desaparecido.

José Luis Gustavo Coindreau Salinas
Tengo 28 años soy Licenciado en Relaciones Exteriores y tengo toda mi vida viviendo en San Pedro Garza García. Soy nieto de José Luis “Coco” Coindreau García, uno de los fundadores del PAN en Nuevo León, y gracias a él me interesa la política, el servicio público y la participación ciudadana.