Sheinbaum necesita urgentemente un plan B… pero de gabinete

Fernando Vázquez Rigada DETONA® No sé qué vaya a suceder con la nueva reforma electoral. Sí sé que se está desnudando la bajísima calidad de muchos colaboradores de la jefa del ejecutivo.

Por Fernando Vázquez Rigada
Fernando Vázquez Rigada
Calderón DETONA® aquí.
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Primero, la premura:

El desdichado plan A generó una confrontación y un desgaste innecesarios. 

Confrontación dentro de la coalición gobernante. Fricciones. 

Enconos provocados por la altivez y el ninguneo. 

Pero en ese lento y público proceso, se provocó un desgate de la figura presidencial a quien se puso como centro de la reforma, proyectándola, incluso, modificando personalmente contenidos.

Casi sin enterrar al muerto, ya estaban lanzando el Plan B. No hubo sosiego para limar asperezas. Para cicatrizar. Consensuar.

Se regresó a la política chicharronera sin tener puerco.

Segundo, la redacción:

El plan B es exhibido como una reforma no sólo funesta en sus alcances y peligrosa no ya para la democracia sino para la presidenta misma.

¿Por qué? Porque empatar la revocación con las elecciones intermedias, y permitir que la presidenta haga campaña, pervierte la equidad de todo el proceso. 

La revocación es una mala idea: además de aquí, sólo existe en tres países en América Latina, Venezuela, Bolivia y Ecuador. Ninguno se distingue por su democracia.

Pero como estrategia política implica un riesgo enorme. 

El mecanismo se activa con un 3% de la lista nominal. Se requiere una participación de al menos el 40% para hacerla vinculante. 

Ambas condiciones se lograrán en 2027. Pero en una elección intermedia, gigante, la revocación es un plebiscito. 

Previsiblemente, gran parte de opositores irán por revocar el mandato. 

También, un porcentaje de los heridos de las nominaciones del oficialismo. 

La diferencia entre el sí y el no, de apenas unos puntos, puede dar un giro en cualquier momento.
Fernando Vázquez Rigada
Cursó la Licenciatura en Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México donde se tituló con mención honorífica, y obtuvo su Maestría en Derecho en la Universidad de Harvard con la tesis: “Un País para Todos: Derecho Electoral y Democracia en México”. Tiene un Diplomado en Mercadotecnia Política por el ITAM y fue el primer mexicano en ser admitido en el “Bradshaw Seminar” de la Universidad de Claremont, Cal.