
Les platico:
Por pura ocurrencia, cambié ayer mi vuelo de regreso de la CDMX a estas bárbaras y sedientas comarcas del norte, para vivir en carne propia la experiencia que ofrece el AIFA a los pasajeros.
Ahora sí, que nadie me lo cuente, de hoy en adelante mi opinión no tiene el mismo rango de “credibilidad” de quienes opinan al más puro estilo de Clemente Jacques, defendiendo desde su ignorancia a una de las tres “obras emblemáticas” del presidente López Obrador.
Particularmente me refiero a cierta dama de cierto chal -perdón, chat- de ciertos grillos de Monterrey que opina de lejecitos sin saber y a lo güey, sobre el AIFA.
¡Arre!
Ayer por la tarde tenía mi regreso en uno de los muchísimos vuelos de Aeroméxico hacia Monterrey que parten del Aeropuerto Benito Juárez.
Pero ahí me tienen de novedoso y cambié mi regreso para volar desde el AIFA en el único que despegó ayer martes 13 de septiembre por la tarde: el 998 de Aeroméxico, de las 19:25 horas.
Desde Santa Fe hasta el AIFA hicimos casi tres horas, por la ruta que va también a Pachuca.
No les doy los detalles para que no vayan a hacer lo mismo, porque me dicen que hay otras formas menos tortuosas de hacerlo a las 4 de la tarde.

