
Overture desde Pennsylvania Avenue 1600.
Suena el timbal, Tito Puente levanta las baquetas desde el más allá y marca el compás de esta era dorada, golden age, le dicen, como si el oro fuera para todos, desde el Despacho Oval se firma el decreto con tinta de crudo, Venezuela es zona de estabilización democrática.
Traducción simultánea para los de acá: free oil, baby.
El Washington Post lo reportó con la elegancia quirúrgica de siempre, U.S. forces secure Venezuelan oil infrastructure amid humanitarian concerns.
Humanitarian, la palabra más cara del diccionario gringo, cuesta exactamente cero barriles devueltos.
The New York Times, en su editorial dominical, con ese tono de profesor de Yale hablando de países con nombres difíciles de pronunciar, señaló.
The intervention raises questions about the long-term economic implications for American consumers.
- Questions.
- Solo preguntas.
- Nunca respuestas incómodas.
Brujería, desde el underground de Los Ángeles, ya lo había cantado en Matando Güeros, las diferencias sociales en este país no son grietas, son cañones del Gran Cañón.
¡Viva México, cabrones! gritaban, pero hoy el grito es continental.
El Mambo del barril fantasma, aquí va el numerito, pa' los de calculadora, un barril de petróleo venezolano entra a refinerías de Texas costo de adquisición: $0.00, botín de guerra.
Spoils, le dicen en el idioma de los vencedores, legítimo, dicen los abogados del Pentágono, como fue fidedigno todo lo de Irak, Libia, y el playlist completo.
Pero, aquí Tito mete un break de timbales:
- El galón de gasolina en la bomba de Minneapolis cuesta $5.47.
- En Chicago, $5.89.
- En Los Ángeles, donde el smog tiene copyright, $6.12.
- En Miami, donde los exiliados de todas las patrias rotas hacen fila en el Costco, $5.63.
¿Inflación? No, no, no, esa palabra está prohibida.
- El Federal Reserve dice adjustment.
- El Secretario del Tesoro dice market dynamics.
- El vocero de la Casa Blanca dice we're in the best economic position in decades.
Si el petróleo es gratis y la gasolina sube, ¿A dónde va la diferencia? Follow the money, decía Deep Throat, hoy Deep Throat tendría un podcast y lo cancelarían en el episodio tres.
La despensa de la era dorada, vamos al súper, al Walmart de Dallas, Texas, donde todo es más grande, everything is bigger in Texas, incluyendo los precios:
- El galón de leche: $7.20. Los huevos, la docena: $5.85.
- El pan de molde, ese blanco y esponjoso como las promesas de campaña: $4.99.
- El pollo, rotisserie, el favorito de América: $9.99 y ya ni viene con la sonrisa del empleado.
En Pennsylvania, en esos pueblos donde las banderas ondean en cada porch y los bumper stickers dicen Make America Great Again.
La señora Martha sesenta y tres años, dos trabajos, un nieto mira el recibo del grocery y dice.
- This ain't Golden, This is rust.
- Pero no es inflación, es supply management.
Es el tamaño del abastecimiento, controlado como se controla el volumen de un amplificador, ellos tienen la perilla, suben, bajan, y el pueblo baila al ritmo impuesto, Tito Puente nunca compuso un mambo tan cruel.
Brujería tenía razón, "Raza odiada, somos la raza odiada" cantaban en Revolución y en La Migra.
Hablaban de muros, de deportaciones, de la línea invisible entre el sueño americano y la pesadilla americana, pero la diferencia social en 2026 ya no es solo racial es aritmética pura.
En Nueva York, un studio apartment en el Bronx: $2,800 al mes, el salario mínimo federal sigue en su cueva, hibernando como oso en enero, los tips del mesero en Queens no alcanzan para el MetroCard, el petróleo sigue fluyendo gratis desde el Orinoco.
En Chicago, South Side, donde las balas tienen más presupuesto municipal, la gente paga luz, gas, agua utilities con tarjetas de crédito al 29.9% APR.
Golden age, le dicen, el oro es para otros.
Brujería lo resumió en tres acordes de grindcore: este sistema no tiene bugs, tiene features, la desigualdad no es el error, es el diseño.


