Gastronomía

Sopas, caldos y vino: el maridaje más reconfortante del invierno

Roberto Echeverría Venegas DETONA® Cuando baja la temperatura, algo cambia en la mesa. Dejamos de buscar platos ligeros y regresamos, casi sin pensarlo, a la cuchara. Sopas, caldos y guisos vuelven a ser protagonistas porque reconfortan, reúnen y se comparten. Y aunque muchos piensan que estos platillos “no van” con vino, la realidad es que pueden maridar mejor de lo que imaginamos.

Roberto Echeverría Venegas
Por Roberto Echeverría Venegas
Foto tomada de la red
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La clave está en entender que no todas las sopas son iguales. 

No se marida por el nombre del plato, sino por la intensidad del caldo, el nivel de picante, la grasa y los acompañamientos, cuando eso se toma en cuenta, el vino no estorba: acompaña.

Caldo tlalpeño + Chenin Blanc de Querétaro

  • El plato: Tiene carácter: pollo, garbanzo, verduras y ese golpe de chipotle que lo vuelve profundo y ligeramente picante.
  • La elección: Un Chenin Blanc mexicano, especialmente de Querétaro, con buena acidez y fruta fresca.
  • ¿Por qué? La acidez refresca el paladar, equilibra el picante y limpia la sensación del caldo sin apagar sus sabores.

Sopa de tortilla + Garnacha o Tempranillo joven

La sopa de tortilla tiene jitomate, chile pasilla, fritura, queso y crema. 

Es un plato con grasa y sabor intenso, pero no necesariamente pesado. 

Un tinto joven, sin demasiada barrica,funciona perfecto, una Garnacha o un Tempranillo mexicano aportan fruta, frescura y ligereza, acompañando sin competir, aquí el vino entra como parte de la mesa, no como protagonista.

Caldo de res + Nebbiolo del Valle de Guadalupe

Más profundo, más largo y con mayor concentración, el caldo de res pide un vino con estructura, acidez marcada y tanino presente.

Un Nebbiolo de Baja California tiene justo ese balance.

Este maridaje funciona porque el vino aguanta la intensidad del caldo y, al mismo tiempo,aporta frescura para no saturar el paladar.

Pozole colorado + Syrah joven o Tempranillo con algo de crianza

El pozole colorado es potente: chile, especias, proteína y textura. 

Aquí el vino necesitavolumen, fruta y un toque de especia. 

Un Syrah joven mxicano o un Tempranillo conligera barrica funcionan muy bien, el secreto está en evitar vinos demasiado tánicos o alcohólicos.

 La idea es acompañar, no dominar.

Entonces... ¿sí se puede tomar vino con sopa?

Definitivamente sí. 

Solo hay que cambiar la pregunta de “¿qué vino va con esto?” por “¿quésensación quiero en la mesa?”. 

En invierno buscamos calor, pero también equilibrio., y el vino mexicano, por su diversidad y frescura, es un gran aliado para estos platillos de cuchara.
Este frío, no le tengas miedo a servir vino junto a una sopa o un caldo, a veces, los maridajes más reconfortantes son los que menos reglas siguen.

Porque al final, comer de cuchara también se disfruta mejor acompañado.

 

Conocer, es no excederse.
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