Suicidios

Como siempre, escribir el lunes después de una elección en domingo es algo complicado.
Ahora lo es menos, porque nadie sabrá el resultado antes de leer estas líneas, a diferencia de las elecciones de verdad que teníamos antes.
Según dicen, mañana martes sabremos quiénes ganaron los puestos de ministros de la Suprema Corte, y el miércoles darán a conocer a los cinco ministros de la Santa Inquisición.
La verdad, la elección de ayer fue una burla.
Ya hace un año tuvimos una elección que no fue democrática, en tanto no se cumplieron las reglas para ella: el presidente intervino directamente, se utilizaron recursos públicos para impulsar a su candidata, hubo compra de votos, intervención del crimen organizado, serias fallas organizativas del INE… Pero lo de ayer es todavía peor.
Había que elegir cerca de mil funcionarios del Poder Judicial en boletas inmanejables, que requirieron el uso de “acordeones” de parte de los votantes.
Acordeones proporcionados por el grupo que hoy hegemoniza el poder, cuya mejor demostración fue la reaparición de López Obrador haciendo uso de esa herramienta.
Al momento de escribir estas líneas, todo indica que la participación no llega al 10% del padrón electoral, lo que no tiene impacto en el nombramiento de los funcionarios, pero sí en su legitimidad.
No será fácil saber cuántos asistieron, porque ahora no fueron los ciudadanos los que contaron los votos, ni se inutilizaron las boletas sobrantes, de forma que el INE, que ya no tiene legitimidad alguna, puede manipular la información.



