Opinión

Porque Me Quité Del Vicio

Gerson Gómez DETONA® Domingo gris sobre Monterrey.
Gerson Gómez - avatar
Por Gerson Gómez
La resaca de Tigres no se quita con cerveza
PRESIONA YEscucha

Aire denso, sudor viejo, latas vacías encima del fregadero, humo rancio pegado sobre cortinas baratas. 

Desde temprano surgieron caras largas dentro del vagón urbano, miradas perdidas rumbo al celular, silencio raro para una ciudad adicta al ruido, al claxon, al grito cantinero, al insulto futbolero lanzado desde cualquier esquina.

Tigres cayó frente a Chivas dentro del estadio tapatío; caída dolorosa, lenta, ridícula, casi teatral. 

Durante varios minutos apareció una ventaja mínima, raquítica, miserable, similar a un curita sobre fractura abierta, Guido Pizarro apostó por refugio, línea atrasada, piernas temblorosas, alma ratonera. 

Resultado final: desastre absoluto.

Ayer por la madrugada sonaron vasos rotos dentro de varios hogares regiomontanos, algunos individuos terminaron dormidos sobre sillones ajenos; otros lanzaron improperios hacia primos, novias, suegras, compadres, vecinos. 

Varias amistades acabaron hechas cenizas digitales mediante grupos familiares llenos de mensajes furiosos. 

Un sujeto, borracho hasta niveles bíblicos, intentó brincar una barda sobre avenida Leones; terminó abrazado contra un mezquite mientras lloraba por Nahuel Guzmán, figura ausente durante instantes críticos. 

Otro individuo juró jamás volver hacia cerveza alguna; promesa similar a dieta iniciada durante enero, destinada al fracaso antes del próximo viernes.

Por tal motivo abandoné semejante vicio.

Muchos años atrás todavía encontraba diversión dentro del ritual futbolero: carne asada, cumbia sonidera, humo proveniente desde carbón barato, apuestas absurdas, abrazos entre desconocidos.

Hoy surge otra cosa: cansancio moral. 

Cada torneo deja saldo parecido a resaca emocional colectiva, miles viven pendientes alrededor once hombres persiguiendo balón caprichoso mientras corrupción, violencia, salarios miserables, políticos inútiles avanzan sin oposición. 

Resulta sencillo comprender tanta desesperación, durante épocas miserables, cualquier triunfo deportivo sirve como parche sentimental.

Sin embargo, anoche ni siquiera apareció tal parche.

Guido Pizarro lució superado desde banca técnica, mirada perdida, movimientos nerviosos, sustituciones tardías, nula visión ofensiva. 

Tigres retrocedió metro tras metro hasta terminar arrinconado como boxeador veterano durante último round. 

Chivas olió miedo. 

El miedo siempre deja aroma reconocible; parecido al sudor agrio surgido dentro transporte público durante agosto, apenas llegó primer gol rojiblanco, numerosos aficionados felinos comprendieron destino inevitable. 

Algunos apagaron televisión, otros buscaron refugio dentro tequila, varias parejas iniciaron discusiones inútiles alrededor platos todavía llenos.

Monterrey amaneció crudo.

No hablo únicamente acerca alcohol, existe cruda espiritual, deportiva, social, cruda nacida tras décadas completas alimentando orgullo industrial mientras realidad urbana ofrece baches lunares, transporte insufrible, rentas delirantes, contaminación capaz incluso de volver gris una sonrisa infantil. 

El futbol sirve como válvula emocional, cuando Tigres gana, numerosos individuos soportan oficina tóxica durante lunes infernal, cuando Tigres pierde mediante actitud cobarde, toda frustración cotidiana explota sin control.

Anoche varios regiomontanos fabricaron enemigos nuevos. 

Algunos terminaron peleando contra familiares americanistas; otros lanzaron insultos hacia seguidores rayados, felices mediante desgracia ajena. 

Desde San Nicolás hasta Guadalupe surgieron discusiones similares a debates parlamentarios dirigidos por simios armados con memes. 

Hubo puertas azotadas, vasos destruidos, relaciones sentimentales pendiendo desde hilo microscópico. Todo debido a una pelota girando sobre césped tapatío.

El balón posee humor cruel.

A veces concede gloria inmerecida; otras ocasiones castiga soberbia, miedo, conformismo. 

Tigres jugó como conjunto diminuto pese a nómina gigantesca, defensa atrasada, mediocampo cansado, delanteros aislados, parecía plantel construido para sobrevivir tormenta nuclear dentro refugio subterráneo. 

Nadie buscó segundo gol, nadie intentó dominio real, Guido prefirió cuidar ventaja microscópica mientras reloj avanzaba con lentitud funeraria. 

Mala decisión, dentro futbol moderno, refugiarse demasiado suele terminar mediante castigo inmediato.

Sin embargo, tampoco conviene dramatizar hasta nivel apocalíptico.

El deporte todavía enaltece espíritu humano, incluso dentro derrota surgen lecciones valiosas, un niño presente anoche frente televisor posiblemente aprendió acerca dignidad deportiva; tal vez descubrió importancia del esfuerzo colectivo, del fracaso compartido, del orgullo mantenido pese dolor.