
Por eso y por mucho más Guadalupe Taddei no tiene capacidad jurídica ni ética para ser árbitro de la elección federal del próximo año.
Ayer los periodistas Érika Hernández y Rolando Herrera publicaron en el diario Reforma, con todos los elementos en la mano, las irregularidades, vínculos con el crimen, visible corrupción y conflictos de interés que acompañan la gestión de la presidenta del Instituto Nacional Electoral.
El chofer de Taddei, con un sueldo mensual cuatro veces superior al de un médico del IMSS, es apoderado de un corporativo que es proveedor del INE.
Y el representante legal de la empresa es el exdirector de Administración del INE con Guadalupe Taddei.
Vienen en la nota los contratos que ha recibido ese grupo de organismos electorales.
Millonarios todos, incluido el del Instituto Electoral de Sonora cuando Taddei lo presidía.
Son millones y millones de pesos canalizados a las dos empresas favoritas de Taddei, que han tenido las cuentas congeladas por la Unidad de Inteligencia Financiera por presunción de lavado de dinero y otros delitos.
¿Pruebas?
Ahí están, en primera plana, los documentos probatorios.
El gobierno, desde luego que lo sabía.
Por eso, precisamente, Guadalupe Taddei sigue al frente del INE:
La tienen tomada del cuello.
Sus parientes están en la nómina de los gobiernos morenistas.
Luis Rogelio Piñeda Taddei, hijo de Guadalupe Taddei, se incorporó en agosto de 2025 como secretario particular del gobernador de Sonora, Alfonso Durazo, que también es presidente del máximo órgano de Morena, el Consejo Nacional.
También trabajó en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en el equipo de la ministra Yasmín Esquivel.
Pablo Daniel Taddei Arriola, sobrino de la presidenta del INE e hijo de Jorge Luis Taddei Bringas, fue nombrado en agosto de 2022 por el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador como director general de Litio para México (LitioMX).
Como se sabe, LitioMX fue creada por AMLO para la exploración, explotación y aprovechamiento del litio.


