
El horror del campo de exterminio localizado en Teuchitlán, Jalisco, supera mucho de lo que habíamos visto en México.
Refleja una matanza del nivel que hace años ocurrió en San Fernando, Tamaulipas.
Sin embargo, este campo fue también de adiestramiento.
Cientos, miles de jóvenes que buscan empleo son llevados a este tipo de campos en donde son vejados y maltratados hasta convertirlos en seres deshumanizados mediante el enfrentamiento a muerte entre ellos mismos.
Por eso es también un campo de exterminio.
Dependiendo de la fuente, hay centenares o miles de estos campos en el país.
Es algo que ya había documentado Karla Quintana hace años, según nos recuerdan Héctor de Mauleón y José Ramón Cossío, ambos insistiendo en la incapacidad del gobierno anterior y el actual para escuchar a quienes buscan a sus desaparecidos, y a la ciudadanía en pleno.
En estas mismas páginas lo comentamos en esos años: el estancamiento o ligera reducción en el número de homicidios era más que compensado con el crecimiento de los desaparecidos.
López Obrador se deshizo de Quintana, y decíamos entonces que se trataba de desaparecer a quienes el crimen ya había desaparecido.
En eso seguimos.
Finalmente, la realidad está confirmando todo lo que hemos comentado por años.
AMLO no cumplió su promesa de enfrentar la inseguridad y la corrupción, pero sí logró destruir lo que funcionaba.
