Opinión

El río soñó con ser parque y despertó como factura

Gerson Gómez DETONA® Un accidente geográfico o recuerdo húmedo.
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Por Gerson Gómez
Donde el agua duda, el presupuesto no.
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Se evapora antes de que llegue el recibo, por eso resulta casi poético, si uno tiene el estómago entrenado para la ironía.

Alguien haya decidido domesticar al Río Santa Catarina con un parque lineal de 6.1 kilómetros, dos puentes y una factura de mil 275 millones de pesos. 

Sí, millones, como si el río fuera mascota, como si el concreto pudiera dialogar con las avenidas súbitas de la naturaleza, como si la memoria colectiva no recordara ese cauce seco es, en realidad, un animal dormido.

La obra promete ser corredor verde entre el Multimodal Zaragoza, Zuazua y Garza Sada. 

Verde, claro, ese color en la política mexicana no distingue entre esperanza y presupuesto inflado.

El render, esa ficción digital siempre sonríe, muestra familias paseando, ciclistas felices, árboles no saben están plantados sobre la terquedad humana, nadie dibuja la crecida. 

Nadie ilustra el momento del río decide reclamar su derecho ancestral y convertir bancas en proyectiles.

Este parque no es solo una obra, es declaración de esperanza, fe, el agua no volverá, fe en el concreto es más sabio que la geografía, fe, sobre todo. 

Nadie hará preguntas cuando la cuenta llegue.

Aparece el fantasma de Texcoco, ese aeropuerto nunca despegó, pero sí aterrizó miles de millones en el pantano de las buenas intenciones.

El lago, tenía la mala costumbre de ser lago, fue tratado como terreno baldío, se drenó, se rellenó, se soñó con pistas donde antes nadaban aves, el resultado fue un monumento a la terquedad.

La obra demostró en México el problema no es la falta de imaginación, sino el exceso de negación.

Construir en río seco es primo hermano de construir en un lago negado, es la misma lógica, si la naturaleza incomoda, se le corrige, si insiste, se le ignora y si se rebela se le factura como desastre natural.

Más al occidente, el Lago de Chapala cuenta su propia versión del chiste, durante años, la sequía lo fue adelgazando hasta convertirlo en metáfora nacional.

País donde el agua se retira y el concreto avanza, se construyó cerca, se especuló, se vendió la idea de permanencia en un entorno gritando transitoriedad, como si el lago fuera escenario fijo y no organismo caprichoso.

Monterrey, siempre aspiracional, decidió no quedarse atrás en el concurso nacional de negación.