
En el foro de la cumbre del G7 repitió su mantra sobre la presidenta Sheinbaum, y algo más.
- Dijo: “México ha perdido el control de su país.
- Los cárteles controlan México.
- Es triste.
- La Presidenta es una muy buena mujer, pero es una mujer muy asustada”.
Describió luego la fase de presión sobre México que está en su cabeza.
Según él, ya su gobierno cerró todas las vías marítimas de llegada de drogas a suelo estadunidense.
Se concentra ahora en cerrar la vía terrestre, la única que queda, la frontera con México, el trasiego de drogas en suelo mexicano.
La cosa está clara para Trump, pero no está fácil.
- “Detener el tráfico de drogas es una locura”, dijo Trump.
- “Viene a través de México, a través de la frontera sur, lo poco que viene es a través de ella. Encuentran la manera… son unos genios. Si usaran esa genialidad para el bien, serían personas muy ricas.
La cruzan en motores, en tapas de ruedas, en áreas que no te imaginarías, en las estructuras de los autos”, declaró.
México es la única asignatura pendiente en la cabeza del presidente Trump para evitar el paso de drogas a Estados Unidos.
Lo que parece derivarse de sus palabras es que habrá acciones en tierra mexicana semejantes a las de Venezuela hace unos días, contra un alto capo del Tren de Aragua, volado por un misil.
La ofensiva verbal de Trump sobre México es más estridente y más pública que su ofensiva burocrática, a través de su embajada y el mecanismo del Bilateral Implementation Group, el BIG, como comenté ayer en este espacio.
El presidente Trump escala su discurso sobre México en un momento peligroso de su orgullo, luego de lo que parece no sólo una derrota, sino una derrota cara y humillante, en su guerra contra Irán.
Trump necesita triunfos internacionales, o algo que se les parezca.
Cuba es la primera candidata a una intervención que Trump pueda presentar como un éxito, como muestra de su palabra cumplida.


