Trump y la pequeña Sheinbaum

Trump evitaba enfrentar a López Obrador.
Sabía que tenían detrás un importante apoyo popular.
No es el caso de Sheinbaum. Después de un impactante abstencionismo del 92 por ciento en las elecciones judiciales, Estados Unidos sabe que México tiene a una presidenta débil y sin poder.
Cada vez que Trump hace una llamada telefónica a Palacio Nacional tiene sobre el escritorio de la Oficina Oval los expedientes de los políticos de Morena vinculados al crimen organizado.
El Presidente norteamericano sabe cómo amenazar y acorralar al “ratón”.
Poco le importa al magnate la democracia, pero debió tomar muy en cuenta el informe de la OEA sobre la elección judicial mexicana donde, sin decirlo, advierte sobre una amenaza: El gobierno de Sheinbaum orquestó un fraude para matar la división de poderes y la independencia judicial.
En contra de la voluntad ciudadana busca instaurar una presidencia despótica.
La OEA narra la forma como el régimen abusó de la mayoría que tiene en el Congreso para aprobar una reforma inconstitucional que nació de una venganza política y que utilizó el voto popular para imponer a juzgadores por los que no votó nadie, excepto el gobierno.
Motivos por los que la Organización de Estados Americanos remata su informe con un epílogo mortal: Este modelo de selección de juzgadores no es recomendable para nadie.
Washington tiene hoy más elementos para confirmar la debilidad y la falta de legitimidad del gobierno de Morena.
La nula participación electoral del 1 de junio ha puesto a la presidenta en su verdadera dimensión política: Ni ganó con 35 millones de votos, ni puede tener una popularidad del 75 por ciento como dicen las encuestas pagadas por el oficialismo.
La vulnerabilidad política de un gobernante mexicano siempre ha facilitado el intervencionismo de Estados Unidos, sobre todo cuando considera al gobierno en turno –como en este caso– una amenaza para su seguridad nacional.


