Tiempo extra
Pienso que fue un punto y seguido, no un punto final.
A los ochenta reafirmé mi convicción de que la vida no se mide por la cantidad de latidos, sino por lo que hacemos con ellos.
El verdadero vivir no termina con una respuesta, sino que comienza con una nueva pregunta.
Pienso que los años que tengo realmente son los años que ya pasaron, y les digo que los años que tienen… son los que les faltan por vivir.
“Sabia virtud de conocer el tiempo”.
No sabemos cuánto nos queda.
No sabemos cuántos amaneceres más, cuántos abrazos más, cuántas risas más.
Por eso hay que aprovechar; no desde la euforia, sino desde la conciencia.
Desde el “estoy aquí, ahora”.
La dicha inicua de perder el tiempo simboliza la libertad de no vivir atado a los bienes materiales o a la conciencia del paso de las horas.
Hace más de veinte años tracé estas letras pensando en mi legado, pero hoy comprendo que no son una despedida, sino el mapa de mi ADN.
Las comparto hoy para reafirmar quién sigo siendo:
Por donde quiera que fui
la soberbia atropellé,
la corrupción escarnecí,
a los déspotas burlé
y a los ratas denuncié.
Ni reconocí dogma alguno
ni hubo sinrazón, dignatario, ni lugar
por mi crítica audaz respetado.
Ni en distinguir me he parado
en criticar, censurar y denunciar
al poderoso, al funcionario o al político baladí;
a quien quise critiqué, con quien quise debatí
y nunca a combate alguno rehuí.
Por eso hoy corrijo mi propia letra: Aquí no yace nadie.
¡Aquí se vive!
Aquel a quien yo denuncié, escrito en papel quedó, y en los tribunales está cuanto se consiguió; lo que yo digo y escribo, mantenido y como prueba en ellos está.
Como dice la letra de "A mi manera":
He vivido una vida plena,
he recorrido todas y cada una de las carreteras,
y mucho más que eso,
lo hice a mi manera.
Sí, hubo momentos, estoy seguro de que lo sabes,
en los que me metí en líos.
Pero a pesar de todo, cuando había dudas,
lo superé y lo dejé atrás.
Lo enfrenté todo y me mantuve firme,
y lo hice a mi manera.
Me arrepiento de algunas cosas,
pero la verdad es que son muy pocas para mencionarlas.
Hice lo que tenía que hacer
y lo llevé a cabo sin excepción.
Estas letras las dedico a:
- A mi esposa, Lorena.
- A mis hijas: Diana Rosario, Jenny Rubí, Ana Luisa y Melissa Loreine.
- A mi hijo: Ernesto Joel.
- A mis nietos: Anaid, Dionisio, Jorge Ernesto, Andrea, Dante, Abraham y Sofia.
A todos ustedes les entrego este testimonio para que recuerden, y con hechos sostengan, el consejo que el Quijote dio a Sancho Panza:
"La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida".
Y como la libertad sin dignidad es solo una palabra vacía, quiero que sepan que mi corazón no regresó hace un año para quedarse callado.
Mi última acción de este año de gracia ha sido denunciar al actual presidente de la Suprema Corte.
No puedo tolerar la violación a los derechos humanos de quien, desde la soberbia del poder, obliga a otros a limpiarle los zapatos.
Porque mientras este corazón lata, seguirá denunciando la humillación y defendiendo la honra del humilde.

