Un método para las oposiciones

En el siglo XVII, René Descartes publicó el Discurso del Método: una larga recomendación de que la razón debe ser la brújula de nuestro actuar.
Dudar. Dudar siempre antes de actuar.
Descartes recomendaba pensar antes de existir. Pero pensar bien: dudar, desmenuzar el tema, analizarlo y ordenar los hallazgos, comprobar cada una de nuestras conclusiones.
Siglos después, Alejo Carpentier escribió El Recurso del Método: una novela que retrata al dictador latinoamericano y que hace exactamente lo contrario al postulado de Descartes: actúa, opera, se mueve por olfato y arranques, antes de pensar.
Las obras se contraponen y, por tanto, se complementan: los reinos de la razón y de la intuición.
Vamos tarde
Las oposiciones seguimos sin definir un método que nos permita enfrentar al morenato. Vamos tarde.
Pero no es sólo el tiempo sino cómo se está construyendo.
¿Es con el discurso o es con el recurso?
La crisis demanda que sea el análisis, la investigación, la evidencia, no la intuición, lo que lo construya.
El método importa, y mucho.
- El PRI en 2006 hizo del método un cochinero y se fue al tercer lugar.
- El PAN llegó fracturado y diezmado en el 2018 y aún no sale del pasmo.
Las elecciones se ganan cuando se plantean bien.
La primera definición es el método. Su fin no es postular: es definirnos.
Por eso no hay de otra: tiene que ser democrático, plural, transparente.
Socialmente sensible, políticamente incluyente (allende los partidos) y electoralmente bien construido.
Hay certezas que validar y dudas que resolver.
Certezas:
- La elección del 2024 no está definida. Podemos ganar.
- No hay, no habrá, un rock star. El proceso debe favorecer el crecimiento y atractivo de personajes con bajo conocimiento, pero alto potencial.
- Se debe resolver el conjunto de candidaturas (quizá 18 mil) no sólo la presidencial.
- El proceso debe ser atractivo, entretenido, vistoso, novedoso y más: inspirador.


