
En la víspera del inicio del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, la primera caravana salió de Honduras el 13 de octubre de 2018 con miles de migrantes con destino a la frontera de México con Estados Unidos, cuando el presidente Donald Trump amenazó con imponer aranceles a México si no frenaba el río humano.
No se supo quiénes eran los organizadores de la caravana convocada en redes sociales.
Las imágenes difundidas por la cadena Fox de televisión, afín a Trump, mostraban la “invasión” sin contención alguna por parte de México en su marcha hacia Estados Unidos.
Marcelo Ebrard, quien aún no asumía el cargo de secretario de Relaciones Exteriores, se dobló al chantaje de Trump en una reunión secreta con el secretario de Estado, Mike Pompeo, celebrada el 15 de noviembre en Houston, al aceptar recibir en México a los migrantes deportados por los estadunidenses, acuerdo conocido como Quédate en México.

Efectivamente se quedaron en México cientos de miles de migrantes, hombres, mujeres y niños, hacinados en la frontera en condiciones inhumanas sin que el gobierno tuviera la capacidad para recibirlos y menos garantizar sus derechos humanos, como ocurrió con el trágico incendio de la estación migratoria en Ciudad Juárez, donde murieron 40 migrantes.
Desde entonces comenzó la debacle migratoria en la que nos encontramos ahora, sin que Ebrard y AMLO midieran las consecuencias para México, país atrapado entre dos fuerzas contrarias, Estados Unidos y Centroamérica.
Los retos son mayores ahora porque el tema migratorio definirá la reelección entre Joe Biden y Donald Trump y de cierta manera el fiel de la balanza está en manos de López Obrador.






