1.
Las elecciones del próximo domingo han sido calificadas de “históricas”.
¿Por qué? Son varias las razones:
- Según las encuestas, por primera vez tendremos una presidenta;
- También porque el dos de junio casi 100 millones de mexicanos podrán ejercer su derecho al voto;
- Además, hay en disputa 20 mil cargos públicos;
- Por si fuera poco, la violencia pre-electoral ha teñido de sangre, como nunca antes, diversas regiones del país...
Aunque quizá no se presenta una contienda tan reñida por la candidatura presidencial como en 2006, los analistas insisten…
2.
… en que estamos ante la aprobación por la continuidad de un proyecto llamado 4T, o su castigo.
En cualquier caso, preocupa un fantasma, que se aparece en cada proceso electoral: la abstención.
Y es que, aunque en las elecciones intermedias del 2021 la participación fue de casi un 53%, en las presidenciales siempre ronda el abstencionismo el 60%.
Sin contar a las personas que esgrimen razones de conciencia para no acudir a las casillas, me parece que este domingo dos de junio habrá que enfrentar a tres enemigos: la clásica apatía, el miedo y la decepción de las candidaturas.
3.
No votar obedece, en primer lugar, a la sensación de no tener que esforzarse por algo que es inútil.
¿Para qué hacerlo -se preguntan todavía hoy muchas personas, incrédulas- si siempre hay trampas, si de todos modos los partidos ponen a los que quieren, si de nada va a servir?
Esta postura derrotista se alimenta por la poca credibilidad con la que cuenta la clase política, dada al chapulineo constante, a la pérdida de plataformas ideológicas propias, a la corrupción evidente.
Agreguemos la flojera, el calor, los traslados, las filas, y un fatigoso etcétera.

