Gastronomía

El noroeste ya sirve vino al nivel del mundo

Roberto Echeverría Venegas DETONA® Durante muchos años, cuando se hablaba de grandes restaurantes en el noreste de México, la conversación giraba alrededor de la cocina, del chef, del producto, de la técnica, del servicio, y  pocas veces hablábamos del vino.

Roberto Echeverría Venegas
Por Roberto Echeverría Venegas
El noroeste ya sirve vino al nivel del mundo
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No porque no existiera. 

Simplemente porque todavía no ocupaba el lugar que hoy tiene en la experiencia gastronómica, pero algo cambió, y las noticias de las últimas semanas son prueba de ello. 

El noreste ya no solamente cocina al nivel del mundo. 

También sirve vino al nivel del mundo. 

Una copa también puede contar una historia durante años, la carta de vinos era vista como un complemento, una lista de etiquetas, más o menos extensa, más o menos conocida. 

Hoy, las mejores cartas de vino son mucho más que eso, son el reflejo de una filosofía, hablan de:

  • Productores.
  • De regiones.
  • De estilos.
  • De personas. 

Y, sobre todo, hablan de la experiencia que un restaurante quiere construir alrededor de la mesa.

Porque una gran carta no busca presumir cuántas etiquetas tiene, busca ayudarte a descubrir la botella correcta para ese momento.

Un gran momento para el vino en el noreste Las recientes distinciones internacionales son una muestra clarísima de ello. 

Ver a Sibau incorporarse a la Star Wine List confirma el enorme trabajo que existe detrás de su programa de vino, no es un reconocimiento que llegue de la noche a la mañana. 

Es el resultado de años construyendo una cava con identidad, coherencia y una profunda intención de enriquecer la experiencia del comensal.

También emociona ver a Nativo ingresar a la Star Wine List y, además, recibir el Award of Excellence de Wine Spectator.

Un reconocimiento que pocas cartas logran obtener y que habla de una selección pensada, diversa y perfectamente integrada con su propuesta gastronómica. 

Los que abrieron el camino Pero estos reconocimientos también son una oportunidad para mirar hacia atrás y reconocer a quienes comenzaron esta conversación hace varios años. 

En Monterrey, Pangea y KOLI entendieron desde hace Ɵempo que una gran cocina debía caminar de la mano de una gran carta de vinos. 

A ellos se suma Holsteins, que ha construido una de las propuestas más sólidas para los amantes del vino en la ciudad, y sería injusto no mirar también hacia Saltillo.

Tanto Don Artemio como Brava llevan años demostrando que Coahuila no solamente produce grandes vinos, también sabe construir experiencias memorables alrededor de ellos. 

Todos ellos, desde distintos estilos y filosofías, ayudaron a que hoy el noreste sea visto como una región donde el vino importa tanto como la cocina, lo que realmente significan estos reconocimientos más allá de los premios, lo verdaderamente importante es lo que viene. 

Cada vez veremos más restaurantes interesados en construir mejores cartas de vino. 

  • Más sommeliers.
  • Más etiquetas mexicanas.
  • Más pequeños productores.
  • Más vinos por copeo. 

Y, sobre todo, más experiencias pensadas alrededor del vino, no solamente alrededor del plato. 

Porque hoy el vino ya no vive en una cava, hoy el vino vive en la mesa. 

Y cuando el vino llega a la mesa, la conversación cambia, la experiencia cambia, la manera de comer cambia.

La conversación apenas comienza.

Y quizá lo más emocionante es que este fenómeno ya no ocurre únicamente en San Pedro Garza García, hoy basta caminar por barrio antiguo para encontrar restaurantes con cartas de vino sorprendentemente bien curadas. 

Lugares donde puedes descubrir etiquetas de distintas partes del mundo, productores independientes y propuestas para todos los presupuestos. Eso significa que el vino dejó de pertenecer exclusivamente a la alta gastronomía. 

Hoy también forma parte de restaurantes más relajados, wine bars y conceptos donde la experiencia gira alrededor de compartir una buena copa.

Y ahí está, quizá, el siguiente paso para nosotros como comensales, no solamente abrir la carta, sino detenernos a observarla, preguntar, cuestionar, descubrir por qué esas botellas están ahí y qué historia quieren contarnos. 

Porque cuando una carta de vinos está bien construida, deja de ser un listado de etiquetas, se convierte en una invitación a viajar sin levantarse de la mesa. 

Y quizá ese sea el mayor legado que dejarán estos reconocimientos, no solamente más premios, sino una nueva generación de restaurantes que entenderá que una buena carta de vinos también forma parte de la cocina. 

Y una nueva generación de comensales que comenzará a disfrutar el vino con mucha más curiosidad, porque el siguiente paso ya no será buscar el mejor restaurante. 

Será aprender a leer su carta de vinos. 

Conocer es no excederse.