
Les platico:
En Santiago, uno de los tres pueblos mágicos que tiene Nuevo León, hay un restaurant de nombre Las Palomas.
Otro se hace llamar Tacos Villa de Santiago, entre muchos, muchos más.
El pasado fin de semana llevamos a comer a Las Palomas a nuestros hermanos Michael y Marisa Lillis Kreitler, de Búfalo, NY.
Cuando iba a la mitad de las 4 palomas que escogí del menú, con una seña le pedí al mesero que se acercara, y casi en un susurro le dije:
Por favor, dígale al chef o al cocinero "u como se haga llamar el jefe de la cocina", que éste humilde comensal lo felicita, porque logró lo imposible".
"Muchas gracias, señor, ahora mismo voy y se lo digo", me respondió con una sonrisa, mientras cabalgaba brioso y con su crin al aire, hacia la cocina.
Lo mismo hice dos días después con el joven mesero que nos atendió en los Tacos Villa de Santiago y detrás del cubrebocas que traía puesto, adiviné una sonrisa cuando me respondió casi lo mismo que el de Las Palomas.


