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LA MARSA, Túnez.– En diciembre se cumplirán 15 años de que el joven tunecino Mohamed Bouazizi, vendedor de frutas y verduras en un puesto callejero, se prendió fuego y murió en público luego de que la policía le quitó su mercancía y lo abofeteó delante de la gente.
Con ese gesto extremo de protesta e impotencia por los abusos de la policía y las condiciones de vida en un régimen corrupto, el cuerpo calcinado de Mohamed Bouazizi encendió la revuelta en todo el norte de África y el mundo saludó con entusiasmo aquello que conocimos como la primavera árabe.
En este país no hay petróleo como en sus vecinos Libia y Argelia.
Pero tiene estabilidad, un litoral maravilloso, lleno de historia y vestigios de un pasado que por siglos fue glorioso gracias a los fenicios que llegaron en paz desde Tiro (Líbano), diestros en la navegación, pioneros del comercio mundial, inventores del alfabeto y del color púrpura.






