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Malas noticias de la economía.
La actividad económica en el mes de julio sufre una caída notable.
Ya INEGI había estimado, en el dato oportuno, una contracción, pero ésta resultó del doble de lo esperado, en parte, la agricultura tuvo una caída mayor, pero aun quitando el sector primario el dato es muy negativo.
Es la mayor caída desde la pandemia, y es sólo comparable a épocas de recesión: la del “error de diciembre” en 1995, la recesión “dot com” de 2001, la Gran Recesión de 2009, o la “López-Covid”, iniciada en 2019 y profundizada por el confinamiento.
A diferencia de aquellas épocas, ahora los servicios todavía no entran en terreno negativo, y eso ha ayudado a que ahora no se haya declarado abiertamente la recesión.
El comercio al menudeo sigue creciendo, aunque al mayoreo se hunde; las comunicaciones se recuperan mientras los transportes pierden fuerza; los servicios inmobiliarios están un poco mejor que el año pasado, frente a los financieros que tienen tendencia negativa; la educación sigue estancada pero el gasto en salud crece (frente al desastre de los servicios públicos).
El turismo, por cierto, ya cumple un año de contracción continua. En la suma, le digo, este sector de la economía, que representa dos terceras partes del total, se mantiene en terreno positivo.
En lo que va de la actual administración, el crecimiento promedia 1.2%.








