
Quería probar así que el cura de Dolores no reivindicó en su rebelión a aquel catastrófico monarca español, derrocado por la invasión napoleónica en 1808.
El hecho de largo alcance es que aquella invasión produjo, en todo el imperio, una ola de rechazos a la legitimidad de la corona, en manos del mariscal invasor José Murat, contra quien el pueblo de Madrid se levantó en armas el 2 de mayo de aquel año.
Las autoridades de los virreinatos y de las capitanías generales de la América española, erigidas en juntas soberanas, desconocieron la legitimidad de la corona intervenida en Madrid y reconocieron la del depuesto Fernando VII.
Este hecho coincidente, se diría telepático, lógico, dada la cultura política hispánica de la época, marcó el inicio de las independencias americanas, desde la Nueva España, que empezaba entonces en la Alta California, hasta la Patagonia, incluyendo los dominios sudamericanos que hoy son Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Chile, Perú, Venezuela y Colombia.








