Ya incendiamos el mar, ya quebramos una empresa petrolera, y ahora el mundial se convierte en el escaparate que está destruyendo la imagen de un país anfitrión (nosotros, por supuesto). Obra y gracia de la Cuarta Transformación. Todos los problemas que se le están acumulando a Claudia Sheinbaum y a Clara Brugada de cara a la inauguración del máximo evento deportivo a nivel mundial, son la consecuencia de que la 4T es un proyecto político que no hace nada bien. Lo que debería ser una fiesta popular y una derrama económica generosa, probablemente vaya a convertirse en una semana insufrible para los capitalinos.
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