Corrupción hunde a Sheinbaum


La gravedad del delito no solo está en lo elevado del monto sino en el silencio impune y tolerante de la Presidenta de México.
Claudia Sheinbaum no dedicó una sola línea –en el Zócalo– a censurar el atraco más grande a la nación.
No hubo un solo intento de deslindar a su gobierno de la red político delincuencial que tejió su antecesor para traficar hidrocarburos.
La Presidenta tenía prisa, le urgía subirse al templete para jurar su amor eterno a López Obrador.
“Nos quieren separar, pero no lo vamos a permitir”.
Era como si quisiera arrodillarse ante el todo poderoso para evitar perderlo.
Sheinbaum convirtió la conmemoración de su primer año de gobierno en un tribunal para exonerar de toda culpa a su padre político y tratar de salvarlo: “Andrés Manuel López Obrador es y será siempre un ejemplo de honradez y de austeridad”.






