1.
Ya con los resultados de las pasadas elecciones prácticamente definidos, salvo algunas impugnaciones por aquí y por allá, es inevitable la pregunta: “¿y ahora qué?”.
La participación política no se puede reducir al hecho de votar, sino que es permanente. Y así como la entrega anterior mencionaba los retos que tienen quienes ganaron, y señalaba cuatro: incluir, reconocer, cicatrizar e impedir.
Quienes perdieron también tienen, en mi opinión, cuatro desafíos: la autocrítica, la vigilancia, la actitud propositiva y la imaginación viable, expresados con varias preguntas.
2.
Una primera tarea, muy ausente en la ideosincracia mexicana, es la autocrítica.
Estamos acostumbrados a echarle la culpa a otros de nuestras derrotas, y es muy difícil asumir las propias responsabilidades.
¿Por qué la oposición no pudo convencer a la mayoría del electorado? ¿La candidata que escogieron era la mejor opción? ¿En verdad se prestó el INE para el fraude, ese que hace meses no podía tocarse, y por el que se hicieron masivas manifestaciones? ¿Cuál es mi percepción de quienes no votaron como yo? ¿En verdad son acarreados, interesados, ignorantes?



