Se materializó la denuncia contra el presidente de la Suprema Corte, Luis Aguilar Ortiz

La conducta de este magistrado y servidor público ha violentado el artículo 1° de la Constitución y otros artículos del Código de Ética de la Suprema Corte, y flaco favor le hace a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, que ha dado directrices a los funcionarios públicos desde el inicio de su administración en octubre de 2024, centradas en la honestidad, la austeridad y el servicio sin privilegios.
Y con acciones, no solo directrices, sino con su conducta en su visita a Nuevo León la semana pasada, cuando vio a un niño con las cintas o agujetas de sus zapatos desabrochadas, se agachó a amarrárselas.
Esta cultura institucional es el combustible perfecto para la narrativa que posiciona a la Corte como un "enemigo del pueblo".
La soberbia (hubris) institucional siempre precede al colapso de la autoridad.
Cuando la sociedad percibe a la institución como arrogante y distante, esta pierde su legitimidad moral; y sin legitimidad, la Corte no tiene poder real para frenar los abusos y desafíos.



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