1.
Hay dos maneras de transmitir decisiones a los involucrados en un proyecto, una institución: la impositiva por parte del jefe o líder -con dos variantes: sin discusión alguna o con una fingida consulta- o la electiva, en la que se somete a votación lo que está en juego.
Unos padres de familia, por ejemplo, examinan con sus hijos si en las próximas vacaciones de verano van a la Isla del Padre, al depa de unos amigos que los invitan, o a Montemorelos, para visitar a la abuelita paterna.
Los genitores pueden optar por la primera versión: imponen su decisión, …
2.
… o convocan a un referendum familiar, en la que los sufragios de todos los integrantes cuentan lo mismo.
Pero existe también la posibilidad de que adopten la metodología del escrutinio manipulado.
¿Qué les parece -pregunta el papá a sus hijos adolescentes-, si vamos a la Isla, cada quien con $1,000 dólares para sus compras en el Mall de McAllen, o prefieren ir con su abuelita, para pizcar naranjas toda la semana? El veredicto de los muchachos lo imaginamos, y quien levantó la encuesta podrá presumir que procedió democráticamente.
3.
Este protocolo es muy frecuente entre la clase política: manosear sondeos para presumir resultados favorables.
Cada vez quedan más en evidencia los estudios demoscópicos que se venden al mejor postor, y han venido perdiendo credibilidad.
La reciente encuesta impulsada por Morena, para saber si la gente está a favor o no de la reforma judicial, propuesta por el actual presidente, y respaldada por la próxima, cae en esta incredulidad.
Más que buscar conocer la opinión de la ciudadanía lo que se pretende, parece, es justificar una resolución ya tomada.



