Ebrard juega con Sansón a las patadas

Es privilegio del Presidente determinar las formalidades, que de acuerdo con su personal criterio, debe cumplir el perfil del candidato ideal para enfrentar los problemas nacionales y asegurar la continuidad de su proyecto.
AMLO advirtió, en obvio mensaje, que no va a cometer el mismo error de Lázaro Cárdenas de nombrar sucesor a un moderado (Manuel Ávila Camacho), en lugar de a un radical (Francisco Múgica), a menos de que surja una grave crisis política o económica.
ERROR DE EBRARD, UN VULGAR AMBICIOSO
Grave error por parte de un político experimentado como lo es Ebrard, quien sabe que solo prevalece la decisión presidencial, mejor aún si está avalada por encuestas legítimas en favor de Claudia Sheinbaum a quien no ha podido alcanzar.
Ebrard, un vulgar ambicioso, está desesperado pues supone que 2024 es su última oportunidad y como no se ve favorecido se atreve a desafiar a su jefe, en una especie de harakiri político.
Ebrard le quiere torcer la mano al Presidente, a quien hasta ahora había obedecido hasta la ignominia con tal de resultar el favorito, pero al no lograrlo ahora le exige transparencia e igualdad en el proceso de selección de candidatos de Morena y reciprocidad con la peregrina idea de que se la debe cuando supuestamente le cedió el paso a AMLO en la candidatura presidencial del PRD en 2012.
Ebrard camina hacia el precipicio en el enfrentamiento con AMLO, cegado por su arrogancia, resentimiento, traición y chantaje.
Por su arrogancia se cree superior a su jefe, el político más astuto y carismático del país, alentado por su capacidad de crear problemas para luego resolverlos.
Está resentido al verse marginado en el perverso juego presidencial de las llamadas corcholatas que compiten entre sí para demostrar quién es el más leal.
Se irá como traidor a otro partido de oposición en contra de Morena diciendo que él continuará el proyecto de la llamada cuarta transformación, pero haciendo lo contrario.
En la campaña podría filtrar información dañina al presidente y a su familia, sembrando insidias y división.
Ebrard maneja la prensa pero se olvida que la candidatura no se gana en las columnas políticas.
El joven Ebrard soñó en ser presidente de México a como diera lugar.



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