

Fue asumir que habría violencia por parte del bloque negro lo que llevó al gobierno a crear el escenario paranoico de la marcha, a sellar Palacio y el acceso al Zócalo con vallas de acero y bloques de cemento, como para frenar el asalto de una fortaleza medieval.
Y fue la conducta violenta del bloque negro la que produjo el embate contra las vallas y contra la policía, que al final desbordó en una embestida policial no contra los del bloque negro, sino contra los manifestantes pacíficos.
No hay noticia de miembros del bloque negro detenidos, pero sí de 19 jóvenes de la Generación Z, tres de los cuales están acusados de “homicidio en grado de tentativa”.
¿De veras?
El llamado bloque negro es un núcleo delincuencial bien conocido por el gobierno federal y por el gobierno de Ciudad de México.
Si a estas alturas no los conocen por nombre y apellido, hay que decir que no han trabajado protegiendo la ciudad, pues ese núcleo delincuencial se especializa en infiltrarse en manifestaciones, agredir policías, robar y destruir negocios, aterrorizar transeúntes y vandalizar monumentos públicos.
Son una amenaza urbana cada vez que hay una marcha.
Una de sus apariciones más violentas fue la del día de la toma de posesión de Enrique Peña Nieto, jornada que el obradorismo de la hora asumió como propia.






