
Una demanda constante de los grupos políticos de izquierda, antes de que Morena asumiera el poder, fue la consolidación de la representación proporcional para que todas las fuerzas políticas tuvieran representación en las cámaras.
Ahora pretenden eliminarla, impidiendo que las minorías actuales tengan espacios para la discusión política y la construcción de consensos.
La reducción de partidas presupuestarias a los partidos políticos es peligrosa, pues abre la posibilidad de que busquen financiamiento en grupos económicos con intereses particulares o, peor aún, en organizaciones criminales.
Además, recortar el financiamiento público beneficiaría principalmente a Morena, ya que desde el gobierno podrían inyectarle recursos de manera encubierta, lo que afectaría la equidad en las contiendas electorales.








