El Helicoide: de icono de la modernidad a símbolo de la represión en Venezuela

Hoy, El Helicoide no es recordado por su diseño en espiral, sino por ser calificado por organismos internacionales como un "centro de tortura" y el símbolo más crudo de la última década de autoritarismo.
Un giro en el panorama político
Tras la reciente captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses y la instauración de autoridades interinas, el país ha comenzado a ver los primeros indicios de cambio.
La liberación de presos políticos en dos de las cárceles más notorias del país ha generado una mezcla de esperanza y cautela entre los familiares que aguardan a las puertas de la imponente estructura de hormigón.
Aunque el presidente Trump ha enfocado su discurso en la industria petrolera, recientemente se refirió a la instalación señalando que las nuevas autoridades estarían procediendo al cierre de lo que denominó "una cámara de tortura en el corazón de Caracas".
No obstante, la transición operativa es lenta: hasta la fecha, se ha confirmado la liberación de apenas una decena de personas, mientras figuras del actual gobierno interino, como Jorge Rodríguez, sugieren que las liberaciones continuarán de forma gradual.
El descenso hacia el horror
La historia de El Helicoide es la crónica de un proyecto fallido, concebido bajo la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez, el edificio quedó abandonado tras su caída en 1958.
No fue sino hasta los años 80 cuando el Estado comenzó a ocupar sus espacios, instalando allí la sede de los servicios de inteligencia (actualmente el SEBIN).
A partir de 2012, la situación de derechos humanos en el recinto se tornó crítica:
- Condiciones inhumanas: La Corte Interamericana de Derechos Humanos denunció desde entonces tratos degradantes.
- Hacinamiento extremo: Exdetenidos como Víctor Navarro describen celdas de $4 \times 4$ metros compartidas por hasta 16 personas, incluyendo menores y periodistas.
- Sistematicidad de la tortura: Testimonios recabados por la ONU detallan prácticas brutales que incluyen descargas eléctricas, asfixia, violencia sexual y golpizas.
El costo humano de la disidencia
Para muchos, El Helicoide ha sido un "agujero negro" judicial, los detenidos, acusados frecuentemente de terrorismo o incitación al odio por ejercer derechos políticos básicos, pueden esperar meses antes de ver a un juez.
Incluso cuando existen órdenes de excarcelación, estas suelen ser ignoradas por la intervención directa de figuras de alto mando.
La tragedia también ha dejado huellas irreparables.
En los últimos años, el recinto ha sido escenario de muertes bajo custodia, como la del General Raúl Isaías Baduel en 2021 —atribuida por la ONU a la falta de atención médica— y la del dirigente opositor Alfredo Díaz en 2023.
¿El fin de una era?
Para quienes sobrevivieron a sus muros, el cierre definitivo de El Helicoide representaría el fin de un ciclo de dolor nacional, "cada preso liberado es motivo de celebración, pero no habrá paz hasta que todos sean libres", afirma Navarro desde el exilio.





