
A cambio de su declaración, le conmutaron la pena de muerte por cadena perpetua.
La fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, calificó el hecho como una "victoria histórica" para la justicia de su país.
Bondi enfatizó que Zambada "era uno de los narcotraficantes más prolíficos y poderosos del mundo" y que su reinado de terror había terminado, asegurando que "morirá en una prisión federal".
Durante 50 años operó el Cártel de Sinaloa con absoluta impunidad por parte de los gobiernos mexicanos tanto del PRI como del PAN y de Morena, gracias a los sobornos a policías, militares, alcaldes, gobernadores y funcionarios federales, según declaró él mismo.
Esta confesión confirma lo que analistas y autoridades sospechaban desde hace años, la existencia de una profunda infiltración del crimen organizado en las instituciones del estado mexicano, un fenómeno que trascendió múltiples administraciones federales.








