
- La calca, el clon o la títere.
- Apodos crueles pero certeros.
Puede estar en Chiapas o Sonora, pero desde Palacio Nacional los hilos son tan invisibles como sólidos, y tiran de ella sin darle siquiera un margen de acción propia, ya no digamos de dignidad personal.
Ha mimetizado al demagogo autoritario y en ese proceso, desaparecido a su persona.
Quizá en algún momento de su vida fue una mujer con ideas y convicciones propias pero eso fue antes de convertirse en un satélite, el más fiel en su órbita, del actual astro rey de la política nacional.
Subordinación, más bien abyección, que le permitió ascender en la escala de los afectos presidenciales.
Claudia sería, si acaso, una oscura académica de la UNAM esperando la jubilación a sus 61 años, quizá escribiendo arengas progresistas en algún medio marginal, en lugar de ser la candidata de la continuidad (nunca mejor dicho) a la presidencia.
Ella lo sabe.
El lugar que hoy ocupa se lo trabajó a conciencia con su obsecuencia.
El candidato no es Ebrard (ayer tan ovacionado en el cierre de campaña) y menos Monreal, con ideas y trayectoria políticas propias.



