El salario emocional no llena el tanque

En juntas, podcasts, LinkedIn, incluso en la fila del Oxxo.
Gente diciendo cosas como:
“No me pagan mucho, pero hay frutita, café con leche y el jefe me sonríe”.
Y pues bueno… como no soy ni yogui ni tacaño emocional, me di a la tarea de investigar qué es esto del salario emocional y si realmente sirve o solo es otro invento millennial para endulzar sueldos que no alcanzan ni para la suscripción del gym.
Entremos directo: el salario emocional no es otra cosa que todos aquellos beneficios no monetarios que una empresa da para que sus empleados estén más contentos.
Léase: flexibilidad de horario, home office, clima laboral sano, liderazgo humano, reconocimiento, formación constante, días de cumpleaños libres, y sí… a veces también frutita picada.
Y no, no está mal. De hecho, bien aplicado puede ser una joya.
El problema no es el concepto, sino cómo algunas empresas lo convierten en un disfraz bonito para esconder lo obvio: no quieren o no pueden pagar más.
O peor, creen que con poner una mesa de ping pong en la oficina ya solucionaron la rotación laboral.








