
Foto tomada de la red
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Por eso el vino en lata sorprende, incomoda y fascina, para muchos, sigue siendo un sacrilegio: “¿cómo meter algo tan noble en el mismo envase que una soda?”. Para otros, es la entrada perfecta al mundo del vino: práctico, fresco, portátil y mucho menos intimidante.
El auge de las latas responde a nuevas formas de consumo:
- Conveniencia: fáciles de llevar a un picnic, concierto o carne asada sin cargar con botella, sacacorchos y copas.
- Sostenibilidad: la lata es más ligera y más fácil de reciclar que el vidrio.
- Porción controlada: permite beber una medida justa sin abrir toda la botella.
- Juventud y estética: conecta con generaciones que priorizan lo práctico y disfrutan lo “instagrameable”.
En Monterrey, donde la carne asada es religión y el calor exige frescura, el vino en lata puede ser un gran aliado. Un blanco frío o un rosado burbujeante en lata tiene todo el sentido del mundo para acompañar una botana casual, una tarde en Chipinque o un after sin complicaciones.








