Ella tiene 88 años


De seguro los va a alcanzar porque se mueve por la vida con aquella prestancia, seguridad, voluntariedad y vulnerable firmeza que la hacen de inmediato sujeto —o sujeta, porque es tiempo de mujeres; siempre ha sido tiempo de mujeres, dice mi Rosita, aunque el pacto patriarcal diga otra cosa— de la protección con la que la naturaleza, la sabiduría y la misericordia divinas abrazan, cobijan e impulsan al gineceo.
Esto, a pesar de tormentas presentes, pasadas y venideras, incluida la del río Guadalupe en varios condados del centro de Texas, el 4 de julio de 2025.
Es una mujer bella, muy bella (todas las mujeres lo son).
La conocimos recientemente en el Museo de Historia de la Batalla de Monterrey, desarrollada del 13 al 24 de septiembre de 1846, aunque la calle se llame Héroes del 47 —cosas de la política, política que no tiene más compromiso que con el político que la ejerce—.
La vimos poco antes de que iniciara una conferencia sobre la participación de las mujeres en dicha batalla, acontecida en un pequeño poblado del Noreste de la recién independizada Nueva España.
Monterrey era entonces un caserío de poco más de 6,000 habitantes, formado por gentes migrantes de temperamento sobresaliente, bravura, voluntad y profundo apego a su tierra (contradictorio, ¿no?).
Esa mezcla de rasgos aún hace destacar a este bello pueblo.






