
Foto tomada de la red.
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Su voz suave fue de una intransigencia incontrovertible con los gobiernos de Peña Nieto y López Obrador.
Intransigencia que puede sintetizarse en dos ejes: no estarán conformes hasta que encuentren los restos de los jóvenes y la mayor cantidad de funcionarios y militares acaben en la cárcel.
Objetivos cuestionables desde otras ópticas, pero que encarnan la lógica y espíritu natural del movimiento de Ayotzinapa.








