En busca de su salvación

El presidente Andrés Manuel López Obrador lleva dos días acusando al gobierno de Estados Unidos de financiamiento intervencionista a Mexicanos Contra la Corrupción.
Es una música conocida, por su odio a la organización que ha ventilado la corrupción en su gobierno, y por lo tramposo del alegato, porque los recursos que entrega a través de la Agencia para el Desarrollo Internacional, son menores a lo que recibe, de ella misma, el Ejército.
La nueva embestida contra esa organización parece querer disfrazar su molestia por la captura y extracción de Ismael el Mayo Zambada sin conocimiento de su gobierno, su frustración porque no puede acusar a Washington de ello sin tomar acciones concretas que llevarían a un conflicto diplomático, y el temor que el jefe del Cártel del Pacífico/Sinaloa hable sobre los nexos y complicidades con el régimen.
Tres semanas después de la acción que puso en una cárcel estadounidense a Zambada, López Obrador sigue sin saber qué pasó, pero entiende lo que puede suceder.
Se vio a través de sus voceros oficiosos que, siguiendo la línea marcada por el vocero presidencial, Jesús Ramírez Cuevas, urgían que Zambada revelara las ligas del expresidente Felipe Calderón con el cártel, pero se fueron al otro extremo y lo descalificaron luego de involucrar con el narcotráfico al gobernador de Sinaloa, a quien le pegó un tiro en el corazón que llegó a Palacio Nacional.
La declaración de Zambada los puso de cabeza en un pantano.
López Obrador legitimó las imputaciones de criminales cuando declararon en el juicio contra el exsecretario de Seguridad, Genaro García Luna, a quien golpeaba como piñata sin pensar que lo mismo le podría suceder.
¿Por qué lo que declararon contra García Luna el hermano del Mayo, Jesús Reynaldo Zambada, y sus lugartenientes era una verdad absoluta, y lo que diga el jefes de todos ellos va a ser mentira?







