
Ya quisiera la oposición tener la capacidad de movilizar a productores agropecuarios y transportistas de todo el país, cuando han perdido, en un sexenio, cientos de municipios, gubernaturas y congresos locales en manos de Morena y sus aliados.
Estos bloqueos no son táctica política; son el grito de auxilio de quienes mantienen vivo al país, porque sin el trabajo de los productores agropecuarios y los transportistas, estaríamos en una grave crisis alimentaria
Ellos producen y mueven la comida que llega a nuestra mesa, las mercancías que sostienen la economía, las materias primas que alimentan industrias.
Víctimas de extorsión, violencia, secuestro y asesinato, los productores ven mermadas sus márgenes de ganancias y los transportistas sufren constantes robo de sus tracto camiones y el secuestro y desaparición de sus conductores, ya que algunos de ellos nunca regresaron a sus hogares.
Los bloqueos no son solo protestas sociales; representan un impuesto no oficial a la productividad que pagamos todos los mexicanos a través de precios más altos, empleos precarizados y oportunidades perdidas.







